Opinión


¿Son útiles los chequeos médicos?

Joan R. Villalbí

Doctor en Medicina, Master en Salud Pública

Los chequeos o revisiones médicas inespecíficas son populares, especialmente en las edades medias. Sin embargo, la evidencia científica sugiere que suelen ser poco útiles para mejorar la salud, que no sirven para alargar la vida ni su calidad. Incluso hay quien opina que no sólo no ayudan, sino que tienen efectos negativos, que son directamente nocivos. El objetivo aparente de las revisiones médicas preventivas es encontrar problemas de forma precoz, antes de que se manifiesten. Se espera así actuar sobre ellos antes y conseguir un mejor pronóstico para la persona que se somete a la revisión. Esto se basa en algunas asunciones que, por lo general, no se cumplen. Para muchas personas no existe apenas intervalo entre el estadio en que la medicina es capaz de advertir su presencia y aquel en que se manifiestan mediante síntomas o signos que alarman al paciente. Esto es así para la gripe o el cáncer de pulmón: el momento en que son detectables coincide, o precede de poco tiempo, con el momento en que el paciente nota que está enfermo. En cambio no es así para unas pocas enfermedades, que podemos detectar precozmente.

El cáncer de mama puede existir durante meses o años sin dar síntomas, y es detectable mediante la mamografía; la hipertensión evoluciona en silencio durante años, y puede detectarse con el esfigmomanómetro disponible en todos los centros de atención primaria. Pero no sabemos cómo mejorar el pronóstico de algunas enfermedades, aunque sí sabemos detectarlas antes de que se manifiesten. En este caso ¿qué sentido tiene un diagnóstico precoz? Quién lo reciba conocerá antes su problema, pero ello no le ofrecerá beneficio alguno. Es el caso del cáncer de pulmón: incluso si se detecta antes de que cause síntomas, la medicina apenas puede ofrecerle beneficios adicionales. Es también el caso de diversas metabolopatías congénitas. Cuando una persona se somete a un examen médico inespecífico, de chequeo, tiene muchas posibilidades de que no se advierta la existencia de trastornos, lo cual no descarta que exista un problema en estadios no detectables, o que pueda iniciarse mañana. Y en el supuesto de que se detecte, no significa que su pronóstico mejore por haberlo detectado antes de que se manifieste.

Vamos a asumir una situación relativamente frecuente: una persona sana se somete a un chequeo sólo porque teme que un aspecto de su estilo de vida (su consumo de tabaco, por ejemplo) tenga efectos negativos sobre su salud. De los diversos efectos nocivos más graves del tabaco, destaca el que favorece la aparición de enfermedad coronaria, que conduce al infarto de miocardio. Lo más probable es que un examen ponga de manifiesto la existencia de síntomas respiratorios (seguramente conocidos por el paciente) mientras que, en general, no constatará la existencia de enfermedad coronaria hasta que se produzca. Esto puede tener como resultado reforzar el hábito, despreciando el riesgo de fumar. Es el mismo proceso de quién tiene un comportamiento sexual que aumenta sus posibilidades de infectarse con el virus del sida, lo sabe, y no cambia porque da negativo en una prueba. ¿Hasta la próxima?

Los chequeos suelen basarse en un cuestionario que permita obtener datos del propio paciente, de una exploración o exámen médico físico general, de una batería de análisis y de una radiografía y un electrocardiograma. La realización de una batería de análisis a ciegas lleva con frecuencia a detectar un valor elevado en algún parámetro aislado. A falta de criterio clínico, esto es un hallazgo irrelevante, que el médico de cabecera desprecia. Los valores de normalidad definidos por los laboratorios se basan en intervalos de confianza. Por ello la probabilidad de que un parámetro aparezca por azar fuera de los límites de estos intervalos cuando se valoran treinta o más parámetros es elevada. Sin embargo, este resultado casual en el contexto de un examen preventivo, puede desencadenar un proceso de exploraciones complementarias, sin utilidad para la salud del paciente. Hay que recordar el clásico experimento de Londres, en que se sometió a un grupo de población importante a un chequeo médico, mientras que otro grupo similar no lo recibió. Al cabo del tiempo, ambos grupos habían sufrido la misma mortalidad, sin apreciarse diferencias significativas. Sin embargo, el grupo sometido al chequeo había hecho un uso mucho más intenso de los servicios médicos. Un resultado nulo en términos de salud, con un coste relevante y con angustias y sufrimiento innecesarios. A mi entender, un adulto preocupado por su salud obtendrá mayor rendimiento si mantiene un estilo de vida similar al que rigió el desarrollo de la especie humana durante milenios y no sometiéndose a revisiones 'preventivas'. Seguro que para la salud es excelente mantener cierto grado de actividad física, comer de manera variada, con frutas y verduras frescas, no inhalar diariamente humos, es decir, no fumar. Y mantener relaciones sociales. En buena parte, nuestra salud depende de cómo vivimos.



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