
Cuando los avances y los problemas científico-técnicos son espectaculares, se salen de los cauces relativamente restringidos de las publicaciones especializadas y saltan a las páginas de la prensa, la radio y la televisión. En muchos casos, si las noticias no han recibido el tratamiento adecuado pueden dar una imagen deformada o errónea, muy diferente de la realidad. Esto suele deberse a que el informador no comprende las cuestiones de las que habla y carece de los conocimientos necesarios para discutirlas, lo que le lleva a introducir conceptos equivocados y desviaciones asombrosas.
La noticia científica del verano pasado ha sido, sin duda, el "descubrimiento de vida en Marte". Sin embargo, la realidad es muy diferente. Lo que se ha descubierto es la presencia de ciertas moléculas cíclicas del carbono en el interior de un meteorito. Para que hablar de vida marciana, es preciso admitir las tres hipótesis siguientes: a) que las moléculas en cuestión sólo puedan ser sintetizadas por seres vivos y no como resultado de una reacción química abiótica; b) que el meteorito proceda originariamente de Marte, y c) que las moléculas no se hayan introducido en el meteorito después de su salida de Marte, o de su llegada a la Tierra. Las tres cuestiones son, por ahora, suposiciones no demostradas, aunque algunas son más probables que otras. Sin embargo, no sólo se habla de la existencia de vida en Marte como de un hecho comprobado, sino que se llega a afirmar que se han encontrado seres vivos en el meteorito, lo cual es radicamente falso.
Otra noticia de agosto fue el "descubrimiento de una tercera forma de vida en la Tierra". En la versión de agencia se dice que esta nueva forma, conocida en realidad desde hace unos veinte años, se añade a "la animal y la vegetal". Esto es, evidentemente, un añadido periodístico. Hace tiempo que los biólogos no dividen las formas de vida en animales y plantas. Existen diferencias mucho más profundas que sólo se distinguen a nivel celular. Los seres vivos se dividen en dos grandes grupos: los procariotas, seres unicelulares que no tienen núcleo, y los eucariotas, cuyas células sí lo tienen y que parecen haber llegado a existir gracias a la simbiosis de varios procariotas que se especializaron para realizar diversas actividades vitales. Los eucariotas incluyen a muchos seres unicelulares y a los pluricelulcares que, a su vez, se dividen en reinos: metafitos o vegetales, hongos y metazoos o animales. La noticia se reducía, en realidad, a que un equipo investigador analizó la composición genética de las arqueobacterias (a veces llamadas incorrectamente archibacterias) y llegó a la conclusión de que difieren tanto del resto de los procariotas que quizá deberíamos clasificarlas en un grupo independiente, el tercero, separado de los otros procariotas y de los eucariotas. Esas, y no otras, serían las tres formas de vida terrestre.
Desde hace algún tiempo se discute con interés el "problema del año 2000" en informática. Más de una vez se leen en la prensa referencias a una supuesta "decisión que tomaron los diseñadores de ordenadores durante los años 60 de reservar sólo dos dígitos para la parte de la fecha correspondiente al año, con lo que estará representado por 00 y parecerá anterior a 1999". Se añade que el problema puede resolverse mediante un sencillo ajuste de los ordenadores...
El error del periodista en este caso es típico y se reduce a la confusión tran frecuente entre hardware y software. La mayor parte de los ordenadores guardan la fecha en código binario y no tienen la limitación a dos dígitos. Los PC basados en microprocesadores Intel cuentan los segundos transcurridos desde el 4 de enero de 1980 en un número binario de 32 cifras, por lo que el año 2000 no supone problema alguno. Sí lo tendrán cuando se agote dicho número, más allá del 2100.
El problema es complejo y nada fácil de resolver, pues afecta al software, a los programas o aplicaciones y a las bases de datos. La decisión de reducir el año a dos cifras la han tomado numerosos informáticos al construir su programa o aplicación. Otros han reservado cuatro cifras, por lo que sus programas no tendrán problema alguno el año 2000. La cuestión tiene difícil solución, porque deben corregirse todas y cada una de las aplicaciones cuyos autores han cometido esta falta de previsión. Puedo imaginarme a los lectores de este tipo de noticias con su ordenador y dirigiéndose al servicio de mantenimiento más cercno para que le hagn "ese pequño ajuste técnico" que les resolverá el problema del año 2000. En este caso la confusión creada es más grave que en los ejemplos anteriores.