
El gasto en medicamentos es excesivo, debido al abuso de laboratorios farmacéuticos y médicos. Este ha sido el titular que ha llegado a la opinión pública sobre la situación del sector, después que el Gobierno anunciara el estudio de medidas para reducirlo. Un mal diagnóstico como este difícilmente puede conducir a resolver un problema real: que la relación entre industria farmacéutica y médicos en España es excesivamente comercial y obliga a todos a invertir tiempo y dinero en actividades que se apartan del servicio al paciente y a la salud.
Las empresas farmacéuticas son entidades privadas que se comportan de acuerdo con las reglas que marca su principal cliente, el Estado, y la comercialización de la relación industria-médico es en gran parte debida a una legislación y a una política proteccionistas pensadas para defender a la industria farmacéutica nacional de hace dos décadas, que carecía de moléculas de investigación propia. Esta ley, entre otras medidas, permitía saltarse las patentes de los fármacos nuevos que se lanzaban en España y ha conducido a la aparición de un gran número de copias o medicamentos con el mismo principio activo, pero con diferente marca. Se llega así a la absurda situación actual: cientos de vendedores de laboratorios farmacéuticos, llamados visitadores médicos, corriendo detrás de un doctor para pedirle que se acuerde de su marca. Como hay tantas de una misma molécula, los vendedores deben ver al médico muchas veces al año y tener muchos "detalles" con él. Cuando el Ministerio de Sanidad autoriza veinte marcas, todas ellas copias de una molécula original, penaliza la inversión de las compañías en investigación y premia el comportamiento puramente comercial.
El segundo punto clave para reorientar el sistema actual sería otorgar a cada fármaco un precio en función de su valor terapéutico respecto al resto de productos disponibles. He aquí dos ejemplos extremos para ilustrar la relación entre valor terapéutico y precio: un nuevo antivírico que acortase efectivamente el curso de la gripe podría valer veinte veces más que los antigripales actuales, y sería un regalo para toda la sociedad. Un nuevo diurético sin ventajas respecto a los ya conocidos debería valer la mitad. Con demasiada frecuencia se ven en el mercado productos de eficacia muy similar a precios muy distintos. ¿Resultado? El más caro es el que más se vende, porque la compañía que lo comercializa dispone de más ingresos y, por tanto, también de más recursos para promoción. Pero se dan casos de mayor gravedad. Por ejemplo, existen productos cuya eficacia se considera dudosa que se prescriben en grandes cantidades porque tienen un precio alto y se promocionan mucho, mientras otros fabricados -llamados huérfanos- de gran valor, se han dejado de preparar porque su precio se ha mantenido invariable durante los últimos quince años y ni siquiera conseguían que la compañía farmacéutica cubriera su coste de fabricación.
Si se quiere racionalizar el sector farmacéutico español y colocarlo al servicio de la salud, la solución sólo puede consistir en introducir el respeto a la propiedad intelectual, disminuir el numero de marcas hasta llegar a una por principio activo, ajustar el precio de los medicamentos nuevos a su valor terapéutico y el de los genéricos fuera de patente a su coste de fabricación. Mientras las empresas farmacéuticas del mundo se fusionan y se transforman en compañías globales de servicio a la salud, también se pueden buscar para las empresas españolas soluciones con más futuro que el proteccionismo caro y pervertidor.
No se Trata de gastar menos en medicamentos, sino de gastar mejor. Es necesario intentar obtener el máximo provecho del dinero que la sociedad quiera invertir en sanidad. Y un medicamento eficaz bien utilizado es la forma más económica de resolver muchos problemas de salud. Por lo tanto, es una magnífica inversión social gastar dinero premiando a las compañías que nos ofrecen medicamentos mejores, y es un derroche absurdo invertir ese dinero en incentivar a esas mismas compañías para que copien medicamentos y los vendan por medio de grandes inversiones en promociones comerciales. De la política que el Gobierno aplique, dependerá el que las empresas se comporten de una manera o de otra.l