
Las reformas sanitarias se han ocupado hasta ahora de recortar los costes de la asistencia sanitaria; el enfoque de la próxima será mejorar la calidad. Los costes de la sanidad han aumentado mucho estos últimos veinte años, muy por encima del crecimiento de nuestra riqueza. Este desajuste ha provocado muchas tensiones económicas en el sector sanitario, lo que ha propiciado que la política sanitaria de la mayoría de los países occidentales tuviera como objetivo único el control de los costes. Esta meta era necesaria porque un sector no puede crecer de forma descontrolada e indefinidamente. Pero la política sanitaria no puede limitarse siempre a reducir los costes, sino que tiene que tener otras miras de orden positivo, debe emprender acciones para mejorar la salud de la población, y la clave de ello está en mejorar la calidad de la sanidad.
Esta calidad tiene varios enfoques: el técnico, el del paciente y el de la gestión. El primero es el tradicional, y su propósito es aplicar bien la ciencia médica actual. Es muy importante que los profesionales sanitarios utilicen correctamente el potencial diagnóstico y terapéutico de la medicina para tratar lo mejor posible a los enfermos. No siempre es así, y a veces se observan diferencias importantes entre distintos hospitales y especialistas en obstetricia. Estas diferencias no se explican porque los pacientes sean diferentes, sino porque se aplican otros criterios médicos. Uno de los objetivos de este enfoque es unificarlos mediante protocolos clínicos. El segundo enfoque, el del paciente, parte de las limitaciones del anterior. El médico tiende a considerar al enfermo como un "diagnóstico" o un "caso clínico", y no como una persona con una variedad de necesidades psíquicas y sociales. El enfoque de la calidad orientada al paciente se ha preocupado especialmente de los estudios de satisfacción. Este es un aspecto importante, pero limitado, porque muchas veces sólo trata de la satisfacción del paciente con los aspectos hoteleros de la asistencia y en especial de la comida. La realidad es que la comida es lo menos importante para el paciente, lo que importa de verdad es que el médico le explique con un lenguaje apropiado lo que le pasa. El paciente quiere conocer y participar en su asistencia, tomando por sí mismo decisiones sobre alternativas asistenciales que le proponga el médico. El tercer enfoque de la calidad corresponde a la gestión. En la industria, la calidad era, hace cincuenta años, patrimonio de los ingenieros que diseñaban las máquinas para que no cometieran errores. Hoy en día, la calidad es patrimonio de los gestores y la mejora de la calidad, que debe ser continua, consiste en hacer participar a los trabajadores en la toma de decisiones sobre su trabajo y responsabilizarles de sus resultados. Este enfoque es especialmente sugerente en la sanidad, porque los trabajadores sanitarios son especialistas altamente cualificados con un grado de autonomía profesional muy importante. Es imposible para el gerente de un hospital mejorar la calidad, como también es imposible controlar los costes si no implica y hace participar a los profesionales sanitarios en la gestión del centro.
Estos tres enfoques de la calidad son complementarios y se deben aplicar. La calidad interesa cada vez más al comprador de servicios. Estos clientes, para tomar una decisión sobre qué servicios compran, quieren una información sobre la calidad y el precio. La última es fácil, mientras que la referente a la calidad es más difícil, con lo que se corre el peligro de comprar lo más barato, que puede, en muchas ocasiones, no ser lo mejor.
Para dar información a los compradores sobre la calidad de una empresa o de un centro sanitario hay que recurrir a un examen externo realizado por una entidad independiente, fiable e íntegra. Si la empresa o el hospital pasan el examen, reciben un certificado que pueden exhibir ante sus clientes, que garantiza la calidad. En el mundo empresarial, el proceso se denomina certificación por las normas ISO, mientras que en la sanidad se conoce como acreditación. La de hospitales nació en Estados Unidos, en 1951, cuando se creó la Joint Commission on Accreditation of Healthcare Organization, una institución profesional que evalúa periódicamente los hospitales para acreditar su calidad. En España existe un programa de acreditación de la Generalitat de Catalunya basado en estándares mínimos; desde el año pasado, la Joint Commission ofrece a través de la Fundación Avedis Donabedian la evaluación de los centros sanitarios españoles con sus estándares. La medición, evaluación promoción y responsabilidad sobre la calidad de la asistencia es la base de la futuras reformas sanitarias que habrán de acometerse.