
Resulta preocupante ver cómo en los últimos tiempos se encadenan fracasos en el más puntero de los sectores tecnológicos. La historia empezó con el accidente protagonizado por el cohete Ariane V. Un error en el software utilizado para procesar los datos de un satélite indujo una sobreestimación de la elevación del nivel del mar. Más tarde, una nave soviética destinada a explorar el planeta Marte fracasó después de despegar. Por último, hace tan sólo unas semanas, un cohete de nueva generación explotó en el aire a los diez segundos del despegue llevándose tras de sí un valioso satélite.
Entre las posibles causas destaca la disminución de los recursos disponibles para la realización de los proyectos de ingeniería, factor que ha obligado a confiar más y más en los sistemas informáticos. Sin embargo, parece no existir aún la cultura suficiente para garantizar una aplicación correcta y prudente de algunas de estas herramientas. En el caso del Ariane V, quedó claro tras las investigaciones sobre las causas del fallo. En palabras de la comisión investigadora, el problema residió en un fallo en la "cultura informática de los Ariane; se da por cierto que el sistema funciona bien hasta que se detecta un error, cuando, al contrario, se debería considerar que funciona mal hasta que se comprueba que funciona bien".
Desafortunadamente, esta actitud no es extraordinaria. A ello contribuye cierta mitificación de la informática y sus posibilidades. Esto es preocupante cuando se eliminan ensayos y pruebas físicas que son sustituidas por simulaciones por ordenador. El problema no reside entonces en el propio hecho de la sustitución, sino en la falta de experiencia práctica en la correlación con la realidad física. Se llega a suponer que cualquier resultado obtenido por medios informáticos de vanguardia va a ser correcto y va a estar libre de error, independientemente del grado de conocimiento de su usuario. Sin embargo, ningún sistema informático puede hoy suplir a nuestra ignorancia básica, ni puede suponerse totalmente libre de error.
Las herramientas informáticas, por avanzadas que sean, son una condición necesaria, pero en absoluto suficiente para alcanzar un grado de calidad satisfactorio. Un uso fiable requiere apoyarse sobre tres pilares básicos: la competencia profesional de los técnicos responsables de su utilización; la disponibilidad de herramientas computacionales adecuadas, y la existencia de procedimientos de empleo bien definidos.
Uno de los principales problemas actuales se encuentre en la falta de sentido crítico frente a resultados obtenidos de forma fácil y rápida, como si se tratara de respuestas dadas por modernos oráculos tecnológicos. No cabe duda que la informática es un elemento clave y valioso para el desarrollo de nuestra cultura. La cuestión consiste en esforzarse por conocer sus limitaciones tanto como sus virtudes. Es precisa una mayor reflexión sobre estas cuestiones y sus consecuencias. No debe confundirse lo que "nos gustaría que fuese" con lo que "en realidad es".