Opinión


Investigación al servicio de la sociedad

Josep Martí i Roca

Vicerrector de Investigación
Universitat Ramon Llull

Nuestra sociedad avanza en el reconocimiento de la actividad investigadora como motor del progreso social y tecnológico. Es patente nuestra admiración por los países con una investigación consolidada y en primera línea de la innovación. La función del investigador se valora cada vez más como un servicio desinteresado que hay que promover y valorar. Tradicionalmente, la investigación se ha llevado a cabo en estrecha relación con el mundo universitario, de tal forma que no se concibe una auténtica universidad, sea gubernamental o privada, sin este esfuerzo de servicio público, evidenciado por los foros en los cuales se divulga: congresos, simposios, revistas, memorias, defensas públicas de tesis doctorales, entre otros. Ahora bien, la investigación supone unos recursos que la propia sociedad tiene que asumir si cree en su rentabilidad social. Cualquier dedicación a la investigación sin ánimo de lucro personal debería compensarse con un apoyo económico justo y equitativo. Pero la escasez de recursos destinados a la investigación provoca una política de lucha por la subvención, que consume una parte notable de los esfuerzos de los investigadores.

Me gustarÍa aportar la experiencia de la Universitat Ramon Llull (URL) tan reciente en su reconocimiento como universidad privada, pero tan veterana por los centros que la integran (Institut Químic de Sarrià, Enginyeria La Salle, Blanquerna, Facultat de Filosofia de Catalunya, Observatori de l'Ebre, Esade y Escola de Treball Social). En ella, la investigación ha sido siempre una realidad viva, que ha aumentado después de reconocerse su rango universitario en 1991. La situación es tanto más significativa cuanto que los recursos públicos que han sustentado esta investigación han sido casi inexistentes, lo cual, a pesar de que es una situación altamente insostenible, nos permite extraer interesantes conclusiones. Así, desde 1964, en la URL se han defendido más de 160 tesis en campos tan punteros como la química cuántica, espectrometría de masas, cromatografía o quimiometría; se han realizado investigaciones de tanta actualidad como corrosión en las centrales nucleares, tecnologías de alimentos, tratamiento de aguas y de residuos industriales, lucha contra la contaminación ambiental; en colaboración con el CSIC se han efectuado investigaciones en geomagnetismo, ionosfera, sismología y actividad solar; en telecomunicaciones, introducidas en 1964, se optó por las aplicaciones tecnológicas de los microprocesadores en la industria catalana, y estudios del habla aplicada a las lenguas catalana y castellana. También se ha abordado el procesado de la imagen, la telemática, paralelismo de los sistemas informáticos e inteligencia artificial, y en el campo de la educación, en los años 60 ya se introdujeron los métodos activos y personalizados, que tienen su continuidad en estudios avanzados. Buena parte de los progresos empresariales y productivos de Cataluña se fraguaron en ámbitos promovidos desde los estudios de administración y dirección de empresas incorporados a la misma universidad. La necesidad de subvenciones ha propiciado un alto sentido de realismo en la investigación, y la hace fácilmente transferible a la empresa y a la sociedad en general. En la actualidad, a pesar de sus reducidas dimensiones, la URL cuenta con 68 grupos de investigación, más de 480 estudiantes de tercer ciclo en 15 programas de doctorado y 81 proyectos de investigación, la mayoría con el apoyo de la propia universidad.

Todo ello, gracias a la motivación del profesorado, habituado a la rentabilidad máxima de los recursos, y a la proximidad e intercambio continuos entre investigadores y responsables de la gestión. Su mayor dificultad reside en crear y consolidar nuevos grupos investigadores por falta de reconocimiento y apoyo públicos. No se puede afianzar porque no se dispone de recursos, y no se puede acceder a estos recursos porque no se cuenta con investigación consolidada. El círculo vicioso deberá romperse en algún punto. Los políticos y responsables de los programas nacionales y europeos de investigación deberán promover la provisión de recursos más abundantes y coherentes con la utilidad pública de la investigación y encontrar una fórmula que permita un trato paritario para los nuevos investigadores. Hay que dar un voto de confianza a los grupos noveles, con un seguimiento detenido de su desarrollo posterior, publicaciones, aplicaciones tecnológicas, aportaciones sociales, transferencia entre investigación y docencia, tesis doctorales sobre la cuestión... En la medida en que se confirmen los buenos resultados, la continuidad del grupo debería quedar garantizada sin ningún tipo de discriminación. Todos estamos en el mismo tren del progreso, de la innovación y del servicio a la sociedad, y no caben exclusivismos, ni competencia desleal. Los recursos son limitados, pero una buena gestión favorecerá, sin duda, su rendimiento y una mayor conciencia ciudadana de los múltiples beneficios sociales que tiene la investigación.



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