Opinión


Ayudar a la recuperación de la sanidad rusa

Joan Gené Badía

Médico. Programa Tacis

I gual que ocurre con el presidente Boris Yeltsin, los rusos tampoco gozan de buena salud, a pesar de que la ex Unión Soviética estaba merecidamente orgullosa de ser el país que con mayor rapidez alcanzó buenos indicadores sanitarios durante la posguerra.

En la década de los sesenta empezó a quedarse rezagada y comenzó a abrirse una brecha entre el Este y el Oeste en cuanto a esperanza de vida y mortalidad de los ciudadanos. La diferencia actual es notable: mientras que en el Este desarrollado la esperanza de vida es de 77 años, la de los rusos tan sólo es de 69. La mitad de esa desigualdad puede ser atribuida a enfermedades cardiovasculares y a accidentes de todo tipo, fundamentalmente en hombres de mediana edad.

Por supuesto, factores sociales, económicos y políticos podrían explicar los orígenes de este proceso. Por ejemplo, el estilo de vida que se puede calificar de poco saludable, en el que se hace un consumo desmesurado de alcohol, y la falta de seguridad en el medio laboral y en el transporte. Por si fuera poco, las mujeres cuentan con una muy pobre salud materno infantil y la mortalidad maternal aumenta en toda Rusia, sobre todo por culpa de los abortos, que en algunas regiones duplican o triplican incluso el número de nacimientos.

La reciente apertura política ha facilitado que las organizaciones internacionales se prestaran a desarrollar programas de ayuda para, cuando menos, paliar esta situación. Uno de los proyectos iniciales y más conocidos se aplicó durante la llamada era Gorbachov. Se trataba de corregir drásticamente los indicadores sanitarios por medio de la instauración de una legislación restrictiva sobre el consumo de alcohol. De inmediato se consiguieron reducciones significativas de suicidios, muertes violentas y enfermedades cardiovasculares, pero al poco tiempo resurgió el consumo de vodka procedente de destilerías clandestinas domésticas y el éxito prácticamente se desvaneció.

Este programa de la Administración Gorbachov es un ejemplo de la ineficacia de aplicar en Rusia, uno de los países que cuenta con más médicos y camas por habitante, medidas de salubridad del mismo modo que se hace tradicionalmente en países del Tercer Mundo. La población rusa disfruta de un altísimo nivel educativo y entiende a la perfección los fundamentos científicos en que se basa la medicina. En esta situación, la intervención debe pasar inevitablemente por modernizar el sistema sanitario.

Finalmente se ha cambiado el enfoque. Los programas actuales persiguen una reorganización de los servicios para que estén más acordes con las necesidades de salud de la población. De este modo se pretende desplazar el eje del sistema sanitario, que ahora gravita en los hospitales, y derivarlo hacia centros de atención primaria. En estos momentos se cierran las policlínicas para abrir centros de asistencia primaria y se recicla a los distintos especialistas para que se conviertan en médicos de familia. Debemos esperar, pues, que los rusos se beneficien en breve del éxito de este proceso de reforma.



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