Opinión


Medicina tecnológica y competitiva precisa exorcista

Óscar Vilarroya

El artículo central de esta semana concierne a uno de esos aspectos básicos en la discusión sobre la sociedad que queremos. Hace años que la medicina tecnológica se ha ganado la fascinación de los "decididores". Esta seducción ha germinado en dos actitudes que se están apoderando de nuestra sanidad.

Por un lado, se nos embarca hacia una medicina aparentemente infalible, basada en la tecnología y la competitividad, que desentraña los más recónditos secretos de nuestra fisiología y que concibe los más inverosímiles mecanismos para manipularla. Es una medicina que otorga el éxito profesional a la capacidad para realizar la más sofisticada pirueta en la revista científica más prestigiosa. Por otro, nos adoctrinan con un triste catecismo contable, para el que pacientes y personal médico son cifras en una hoja de cálculo electrónica. Un ejemplo de curiosa actualidad es el de la epidemia que nunca fue. ¿Cuál es la reacción lógica de unos padres angustiados? Llevar a su hijo a Urgencias para que le descarten el "mal de la tele". Y ya podemos suponer que todos somos padres angustiados en potencia. Resultado, los servicios de Urgencias han aumentado el número de visitas hasta cinco veces la cifra habitual. ¿Qué hace un gran almacén cuando llega Navidad? Contrata personal adicional para atender el aumento de la demanda. ¿Y los estamentos gestores, por ejemplo, hospitalarios? Permiten que el personal médico llegue a peligrosas cotas de explotación, mientras se redondean las cifras del último plan de viabilidad.

Sin embargo, la fascinación por una medicina tecnológica y economicista no es más que otra concupiscencia de la modernidad. El trasplante más arriesgado, o la manipulación genética para evitar una enfermedad, son destellos, (sin duda brillantes y deseables) que ciegan las sombras de una sanidad deshumanizada. Dentro de nada, la sociedad reclamará la terapia más antigua -la atención-, y si no la encuentra, la buscará donde esté, con el peligro que esto supone.



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