Opinión


Clonación, avance científico y nuevos valores

Lluís Reales

La técnica científica para clonar genes, que ha hecho posible a "Dolly" y a dos monos en Oregón, tiene ya veinticinco años. Desde entonces se sabe seleccionar la información genética entre los cientos de miles de copias de un organismo y fabricar una réplica a partir de ese fragmento de DNA. Se trata de la base de la biotecnología que ha modificado desde entonces la vida humana y también la naturaleza.

El estallido clónico de estos últimos días -por la primera clonación de un mamífero a partir de una célula adulta- es un paso cuantitativo más y el resultado previsible de la evolución tecnológica. ¿Por qué ha levantado tanta alarma social? Por la posibilidad de que llegue a crearse una copia genética humana. Pero una copia es distinta de otro yo. ¿Qué pasaría si se llega a clonar el material genético de, por ejemplo, Adolf Hitler? Seguramente, nada. La herencia genética deja una huella fija y precisa, pero esa huella es una potencialidad que se expresa en función del entorno social y de cómo interactuamos en él. El ser humano, más que cualquier otra especie, es el resultado de la biología y de la cultura, y esta última ha adquirido un peso creciente en la dinámica que sigue la evolución.

La clonación de mamíferos es importante porque abre grandes perspectivas comerciales que pueden ser beneficiosas para la salud humana, la producción de alimentos y los trasplantes. No tiene sentido, pues, plantear el debate sobre si hay que prohibirla o apoyarla. La ciencia y el mercado seguirán su camino. Como ha ocurrido con la fecundación in vitro, lo que hoy parece una aberración, mañana será rutina. En la próxima década se descifrarán entre 60 y 100.000 genes del genoma humano. Esta información genética, combinada con la biotecnología, modificará nuestra forma de pensar y obligará a replantear muchas cosas. El reto no es tanto oponerse o apoyar estas técnicas, sino inventar y consensuar valores que nos permitan coexistir con la potencia y el conocimiento que no paramos de generar.



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