
La semana pasada se celebró un nuevo Fòrum de Debats Medicina i Societat, que organiza conjuntamente el Col.legi de Metges de Barcelona (COMB) y "La Vanguardia". La sesión versó sobre Internet (¡cómo no!) y Medicina. Lo importante del debate puede resumirse en el comentario de un asistente: "Antes de entrar empezaba a tener alergia a Internet. De hecho, vine para inmunizarme definitivamente. Tengo que reconocer que se me ha abierto una ventana que ya no podré ni querré cerrar."
Luis Ángel Fernández-Hermana, periodista digital, esbozó las dianas a las que los conferenciantes apuntaron, y, en especial, el paso a un nuevo paradigma en el que todos nos convertimos en emisores y receptores de información. Dan Forbush describió cómo ya es posible realizar un requerimiento de información y recibir la respuesta del más reconocido experto del mundo en menos de veinticuatro horas. El doctor Luis Pareras realizó una disección de alta precisión que puso al descubierto las ventajas (e inconvenientes) de la publicación electrónica en Internet: ya no importa el tiempo de producción, porque la información se recibe al instante de crearse o de actualizarse. No importa ya el tamaño, porque los bits no ocupan lugar; la edición es más barata, y, como guinda, no se gastan bosques en forma de papel. El doctor Joan Sancho describió una de las más apasionantes consecuencias de la irrupción de Internet, y que ya comentamos en estas páginas: la red permite que los pacientes estén tan bien informados como los médicos, es decir, la información experta ya no es privilegio de los expertos, lo cual va a estimular la profesionalidad del médico. Por último, el doctor Jaume Aubía describió, en una aguda imagen, la moderna evolución de la profesión médica. En los años 60, un buen médico era el que tenía un buen maestro; en los 70 y los 80, lo era quien tenía acceso a una biblioteca, mientras que, a partir de ahora, lo será quien sepa utilizar las bases de datos a través de Internet.