Opinión


Una oveja y un cometa nos inducen a reflexionar

Vladimir de Semir

Una oveja clónica y un cometa espectacular, dos acontecimientos científicos, han conmocionado al mundo. Dos noticias vinculadas con el conocimiento científico que han llenado espacios informativos en todos los periódicos, revistas, radios y televisiones, y que, con toda seguridad, lo seguirán llenando en las próximas semanas y meses, incluso, posiblemente en los años inmediatos. Parece que no tengan nada en común, pero no sólo les une su casi coincidencia en el tiempo, constituyen también excelentes ejemplos para reflexionar sobre lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que nunca sabremos. Las imágenes de una oveja blanca y frágil han llenado portadas, abierto telediarios y suscitado debates. Poco después llega el cometa. Por un momento parece que la omnipresente cotidianeidad de la política aparente, del suceso morboso y de la incomprendida y siempre ajena economía pierde terreno ante la trascendencia de lo que logra el ser humano con su conocimiento científico, adentrándose en la apasionante observación del cosmos, contestando a los interrogantes que él mismo se plantea desde que tiene razón e inteligencia, resolviendo retos que creía imposibles. "Dolly" y Hale-Bopp, casi de la mano, han llegado y han sacudido nuestra conciencia, han abierto debates y nos obligan a reflexionar. La oveja clónica sigue viviendo ajena a todo en un cobertizo de Escocia y el cometa sigue vagando por el Universo alejándose de nosotros. Son hitos trascendentes en nuestra historia; en la de todos, en mayor o menor grado. Ahora o en el futuro, el tiempo lo dirá. Pero ya tienen un saldo positivo. Durante unos días, unas semanas quizá, nos han hecho pensar en otras cosas, en nuestras capacidades, retos e ilusiones. Han sido algo más que meras noticias.



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