
Hace tiempo que en los medios científicos se intuye que la contaminación atmosférica, sea de carácter industrial o urbana, tiene una estrecha relación con la morbilidad e, incluso, con la mortalidad de las poblaciones afectadas. Pero una cosa es tener la intuición y otra muy diferente la demostración científica de que existe realmente una causa-efecto. Varios estudios están en curso en todo el mundo en este ámbito. El Institut Municipal d'Investigació Mèdica de Barcelona es uno de los centros que trabaja en este campo, por ejemplo, en el análisis que se realiza en ocho capitales europeas sobre la relación entre la contaminación atmosférica urbana y la salud. Próximamente se publicarán los primeros resultados conjuntos, aunque en su día el equipo francés avanzó algunos aspectos socialmente controvertidos -por sus consecuencias políticas-, que demostraban una inequívoca incidencia negativa de los gases procedentes de la industria y de la automoción en la morbilidad de las poblaciones en ciudades como Lyon y París. Ahora, la prensa francesa, muy sensibilizada por la cuestión, ha dado a conocer un estudio que se publica en el "Journal of Epidemiology and Community Health" (del grupo "British Medical Journal") en el que se afirma la existencia de un fenómeno de fondo que vincula el cáncer en niños con zonas cuya atmósfera está contaminadas. Epidemiólogos del departamento de Salud Pública de la Universidad de Birmingham no establecen un vínculo tajante -la gravedad de la cuestión posee tal calibre que es preciso avanzar los resultados científicos con pies de plomo-, pero sus trabajos apuntan a una dirección que no admite dudas. En determinadas áreas concretas analizadas existe una causa-efecto entre contaminación y salud.