
Es habitual entre los legos en la materia concebir el psicoanálisis a partir del clásico modelo médico establecido por Freud, en él cual se considera la existencia de un agente patógeno específico e inconsciente en la génesis de la neurosis y se postula que la desaparición de los síntomas de la mencionada perturbación se producirá cuando las interpretaciones del analista supriman las represiones y consigan que el conflicto intrapsíquico inconsciente devenga consciente. Dado que este modelo ha periclitado por la evolución del psicoanálisis, intentaremos, para ayudar a conocer esta disciplina, exponer esquemáticamente los rasgos distintivos del pensamiento psicoanalítico moderno en su vertiente terapéutica.
En el no se concibe la existencia de causas específicas en la base de las perturbaciones psíquicas -entre las cuales, las neurosis constituyen solamente una pequeña parte-, sino que se cree que es la manera en que fueron vividas determinadas circunstancias y relaciones, combinadas con los recursos de adaptación del sujeto, lo que originó el caracter patógeno de las mismas.
Por tanto, el pensamiento psicoanalítico ha dejado de ser un conjunto de hipótesis etiológicas para pasar a ser una teoría de la mente humana en general y del desarrollo de la personalidad, a partir de la cual es posible entender tanto los procesos psíquicos considerados normales como los patológicos, pero sin que se pueda establecer una linea de separación radical entre unos y otros.
La clave fundamental del trabajo en el tratamiento psicoanalítico reposa básicamente en la elucidación del funcionamiento mental del paciente, especialmente en lo que concierne a la manera en que se pone de manifiesto su relación con el analista dentro del marco terapéutico. Desde este punto de vista, las interpretaciones -las palabras con que el analista ayuda a su paciente para que reconozca las fantasías, deseos, temores, impulsos, etcétera que se hallan en su mente, pero que hasta aquel momento no advirtió- han de ser entendidas como algo diferente de afirmaciones dogmáticas o teóricas que el paciente ha de aceptar y seguir como algo que proviene de un experto que ejerce una autoridad sobre él. En lugar de confiar en la disolución de las represiones para lograr la desaparición de los síntomas, molestias y dificultades personales que han llevado al paciente a buscar ayuda, lo que esperamos es que los pacientes que normalmente siguen un tratamiento psicoanalítico puedan crecer y desarrollarse mentalmente de manera idónea, para que sus relaciones con las imágenes que impregnan su mente -constituidas por la incorporación de los padres y otras personas que han tenido importancia relevante en su infancia, por un lado, y con sus semejantes, por otro- se basen en la confianza, la reciprocidad, el adecuado juicio de la realidad, el amor, el reconocimiento de sus propios límites y recursos y la utilización de estos últimos para su satisfacción y la de aquellos con quienes normalmente convive.
El analista, por tanto, no concreta sus esfuerzos en la desaparición de síntomas a partir del descubrimiento de lejanas etiologías, sino en ayudar al paciente para que sea capaz de llegar a conocer cómo desfigura las situaciones de la vida y sus relaciones con los demás para evitar de esta manera la ansiedad, la frustración, la desesperanza y el sufrimiento mental, así como para que pueda ver cómo recurre a sus fantasías, tanto conscientes como inconscientes, para compensar estas dolorosas emociones.
Todo lo explicado puede resumirse diciendo que el verdadero y auténtico objetivo de la terapia psicoanalítica estriba en ayudar al paciente a integrar las partes disociadas de su personalidad en un conjunto más armónico y vigoroso. No es el pasado del paciente en sí el objeto de la investigación analítica, sino las teorías que tiene el paciente en torno a su pasado, su presente y también su futuro; descubrir cómo el paciente siente y piensa en torno a su vida.
El objetivo último del método terapéutico del psicoanálisis reside en obtener la máxima autonomía y sinceridad consigo mismo en el sujeto analizado. En la perspectiva psicopatológica del psicoanálisis, la salud mental se iguala con la verdad y la patología con el autoengaño y la negación de la realidad. De esta manera, los psicoanalistas intentan ayudar a los pacientes a alcanzar, en la medida de sus posibilidades, la libertad interna y la capacidad para hacerse cargo de su responsabilidad personal.