
Días atrás en estas páginas se comentaba un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV) según el cual en 1966 el volumen económico de la cooperación entre empresas y sistemas científicos y tecnológicos en España ascendió a 43.000 millones de pesetas. Otros datos, esta vez sobre Cataluña y probablemente no del todo comparables con los anteriores, indican que ese año la interacción universidad-empresa, por medio de transferencia de tecnología y servicios, de las ocho universidades catalanas superó los 11.000 millones. En esta cifra se incluyen las actividades de formación continua, lo cual es adecuado si consideramos que a menudo la preparación de los empleados permite a las empresas incorporar nuevos conocimientos que pueden redundar en una mejora de sus procesos y tal vez de sus productos.
Las cifras y volúmenes citados, a pesar de ser positivos no deben hacernos olvidar que la innovación es una de las muchas asignaturas que siguen pendientes en nuestro país, aunque también lo es para la mayoría de países europeos, en mayor o menor grado. Es por ello que la Unión Europea (UE) dedica un programa específico (Innovación) a corregir esta "paradoja". En efecto, a pesar de que Europa dispone de una capacidad y productividad en I+D similar y en algunos casos superior a Estados Unidos y Japón, su transformación en ventajas competitivas para la empresa no se da ni en la cantidad ni con la eficacia adecuadas.
Innovar consiste en transformar una idea en una mejora, sea de un proceso o de un producto, de forma que aporte ventajas competitivas a su promotor. La promoción de la innovación es un objetivo prioritario de la UE si se pretende mantener la competitividad de sus empresas en un mercado progresiva y rápidamente globalizado en el que la competitividad vendrá cada día menos dada por los costes de producción y más por el I+D incorporado o el diseño.
Es preciso aplaudir que la Generalitat haya incorporado a su II Pla de Recerca acciones específicas de apoyo a la innovación de las empresas. Por tratarse de acciones de tipo transversal es esencial buscar los mecanismos adecuados para aprovechar al máximo los recursos y las capacidades disponibles. Esta tarea correspondería en gran medida a la Administración, que debe potenciar y coordinar los recursos existentes, entre los que se cuentan el potencial innovador de las tareas de I+D que realizan las universidades catalanas. Las cifras mencionadas antes son una muestra incompleta de este potencial.
El II Pla de Recerca es una buena oportunidad para sentar las bases de una mayor y mejor coordinación entre los CTT y los dos ámbitos relacionados con la temática, es decir, el ámbito de la política universitaria y de I+D y el de la promoción del desarrollo empresarial. El mejor aprovechamiento de los recursos no es sólo una necesidad, sino una obligación de los gestores. Junto a otros agentes, la universidad puede ser un buen promotor del "virus de la innovación".