
La semana pasada se falló el premio periodístico Boehringer Ingelheim sobre innovación en medicina. El ganador en el apartado de prensa escrita fue el prestigioso José Luis de la Serna, responsable del suplemento de Salud del periódico "El Mundo".
¿Cabe preguntarse por el valor de estos premios? En lo particular , libres de sospecha no queda ya en este mundo "marcelinos pan y vino" alguno. Sin embargo, nadie puede negarle a José Luis de la Serna un merecido reconocimiento ya que representa no sólo un modelo, sino también un maestro para muchos de los que hemos empezado en el ámbito del periodismo científico. En él se aúna la trayectoria del profesional médico, la perspicacia del buen divulgador y la pluma del escribidor cabal. Tampoco hay que olvidar el jurado, con Manuel Calvo Hernando -presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico- y el profesor Julio Villanueva. Y por supuesto, qué decir de dos de los colaboradores de este suplemento, Jaume Roset y Salvador Giménez, que han quedado finalistas del galardón, cinco entre más de un centenar de candidatos, y de este suplemento que fue el único medio que repitió entre los finalistas (nos permitirán este autobombo, algo irónico si quieren, puesto que más odiosa es aun la falsa modestia).
En general, es cierto que debemos reflexionar sobre la incorporación de las prácticas comerciales de la industria en las actividades intrínsecamente profesionales, sean periodísticas, médicas o botánicas. ¿Existe algún problema en que un congreso, un curso o un premio esté patrocinado por una empresa con intereses específicos? En principio, solamente uno, y es el olvido de aquellos ámbitos en los que la financiación privada no manifieste interés. Por lo demás, si la industria no espera capitalizar su participación de manera contable, y el profesional no hace algo -o deja de hacerlo- por el hecho de atenderla, no hay por qué darle más vueltas. La verdad, como siempre, habita en la conciencia de cada profesional.