Opinión


La soportable gravedad del psicoanálisis

Joan Salinas i Rosés

Profesor de Teoría Psicoanalítica
en la Universidad del País Vasco
Miembro de la Escuela Europea
de Psicoanálisis (Secció Catalunya)

El descubrimiento freudiano no fue otro que buscar una formalización de aquello que define la especificidad del hombre. Y la encontró en la palabra. Su teoría toma así como eje que los malestares, sintomáticos o no, de la humanidad encuentran su razón en aquello que nos especifica: los humanos, hablamos.

A partir de ello, el inconsciente definido como los efectos de la palabra en el sujeto, estructurado como un lenguaje dirá Lacan años más tarde, adquiere carta de ciudadanía. Se puede creer o no, da lo mismo, en la existencia del inconsciente. Lo que es más difícil es negar que hay unos poderes de la palabra y que hablar y escuchar produce efectos. La palabra en tanto constituye al sujeto también lo traumatiza, cura o hiere. El psicoanálisis aparece como el intento de sistematizar esos efectos, remitirlos a sus causas y poder explicar porqué ocurre todo ello. Tenemos de este modo definidas las bases de una práctica terapéutica que se ejerce sólo con ese medio. Sus efectos son graves, no leves.

La polémica con la ciencia estaba servida. Si bien es conocida la aspiración de Freud de dotar al psicoanálisis de un estatuto científico, desde entonces hasta hoy, la crítica ha sido la misma: que los psicoanalistas probemos el fundamento científico de que la palabra produce efectos. Y el psicoanálisis lo prueba desde dentro de su teoría y de su clínica, pero no desde los parámetros de la observación científico-natural, que le son ajenos. Pedirle al psicoanálisis, bajo pena de excomunión si no lo hace, que pruebe los efectos innegables de su práctica es invertir el proceso.

Es mas bien el psicoanálisis, y Freud lo escribió repetidamente, el que pone a la ciencia ante un reto que le es propio. La ciencia debe de tratar y trata de dar cuenta de lo real, de lo que efectivamente se constata que existe y entonces se interesa por ello. A este respecto Lacan, refiriéndose a Freud, señala "su esperanza de que el inconsciente encuentre en el porvenir de la ciencia su explicación póstuma". Y es el mismo Freud quien escribió sobre ello que "el psicoanálisis es un método de investigación, un instrumento neutral, como lo es, por ejemplo, el cálculo infinitesimal. Si con su ayuda un físico llegara a la conclusión de que la Tierra desaparecerá, es evidente que se vacilará en atribuir al cálculo mismo tendencias destructivas y en proscribirlo por ellas". (O.C. Vol. XXI, pp. 36).

Pero no ha sido así. Lo escribí yo mismo en estas páginas ("La Vanguardia", 22-12-89), citando al biógrafo Peter Gay: "Golpear al psicoanálisis golpeando a su creador se ha convertido en una táctica común, como si denigrar con éxito el carácter de este último equivaliera a destruir su obra".

La soportable gravedad que evoco en el título y que no es otra que la del peso/efectos que la palabra tiene para todo sujeto, puede muy bien ser a veces insoportable para algunos. Y lo puedo entender muy bien. El lector tiene un ejemplo en el artículo aparecido en estas páginas (12-4-97) titulado "La insoportable levedad del psicoanálisis". ¿Qué es en definitiva lo que resulta insoportable para algunos? Resulta insoportable el reto freudiano a la ciencia y al compromiso que todo hombre tiene, le guste o no, con los efectos de lo que dice. Y la respuesta consiste entonces en extrapolar desde la ciencia una acusación mal formulada. Confundir la ciencia con los errores de toda estadística es hacer un magro favor a la ciencia que precisamente se invoca, pero a la que indirectamente se desvirtúa con un uso intencionado. El psicoanálisis y la ciencia pueden muy bien soportar esas críticas y malos usos que les son ajenos, pues se percibe que lo insoportable que se explicita tiene otras raíces.

Es evocando precisamente a la ética como Jacques Lacan la equipara a la del "bien decir", esto es, que el sujeto estará en una posición ética cuando, sabiéndose afectado él mismo en primer lugar por la palabra que enuncia, saque las consecuencias que le van a ser propias. En ello reside precisamente la diferencia. Soportable gravedad para aquellos que se reconocen en la verdad de lo que dicen o insoportable levedad para quienes es la propia palabra la que es leve y su uso banal. Si para un sujeto la palabra es algo leve, es verdad, el psicoanálisis puede resultar insoportable. Es esa distinción la que responde adecuadamente a la pregunta que el autor formulaba. Si su pregunta era cuál es la razón de la popularidad del psicoanálisis, la respuesta está en los populosos sujetos que saben de su gravedad.



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