Opinión


Ciencia con conciencia

José Pío Beltrán
Martí Domínguez
Juli Peretó
Daniel Ramón

La comercialización de los alimentos transgénicos o la clonación de mamíferos son logros de la biotecnología con una presencia muy notable -no siempre ajustada a la realidad- en los medios de comunicación. El miedo a lo desconocido preside la mayoría de las actitudes públicas hacia los avances tecnológicos. Sin embargo, ¿quién de nosotros discutiría estos temas de haber triunfado el rechazo visceral que encontraron las vacunas inicialmente? Una discusión sensata sobre la biotecnología se vería favorecida por un conocimiento mínimo de la biología en la que se basa. Es fundamental la participación de científicos comunicadores y de comunicadores científicos en la tarea de elevar el nivel de educación científica con objeto de suministrar la información necesaria para la toma de decisiones. Se trata de proyectar luz sobre las sombras de los doctores Frankenstein o Moreau, imágenes inexistentes en la ciencia real que se hace en los laboratorios de las universidades y centros de investigación, no clandestinamente, sino financiada y controlada de acuerdo a las leyes y que, en todo caso, ha de ser de calidad, transparente e independiente.

La biotecnología se inició cuando un grupo de cazadores-recolectores decidió fijar su residencia y asegurarse el sustento mediante el cuidado de animales y plantas. La selección artificial -para Darwin fuente de inspiración en su hipótesis sobre el papel de la selección natural en la evolución- ha originado variedades vegetales y animales muy diferentes a sus parientes silvestres. En los últimos veinte años los avances de la biología han convertido una práctica basada en la prueba y el error en una acción dirigida racionalmente donde hay más precisión en el control -es decir, la predicción- de los riesgos. La sociedad, a través de sus representantes legítimos, tiene el derecho y también la obligación de valorar los límites éticos de las tecnologías y las normas legales que las regulen. Pero sería suicida basar la discusión en la ignorancia científica y en el terror a monstruos fabulosos y míticos. Lo sensato no es pedir la inmediata prohibición de un proceso o un producto, sino propiciar el debate abierto y público, y finalmente crear instancias consultivas que establezcan criterios de actuación. Con esta preocupación, la Universitat de València (UV) y el CSIC proponen un debate sobre los aspectos sociales, éticos y legales de la biotecnología, que se desarrollará en el edificio histórico de la Universitat los días 29 y 30 de mayo (% 96/386-40-42). Se completa con el monográfico sobre bioética de la revista "Mètode" (Universitat de València) y el libro de Daniel Ramón "Els gens que mengem" (Bromera/UV) que incide en las aplicaciones de la ingeniería genética a la tecnología de alimentos.

Como nos ha legado el biólogo y divulgador Carl Sagan en su libro póstumo, la ciencia es una actividad humana tan interesante y emocionante que hemos de divulgarla para que nadie la presente como mística, oscura o usurpadora de los dioses.



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