
No es frecuente entre los matemáticos una longevidad científica tan grande como la de Beno Eckmann. Publicar durante casi sesenta años artículos de investigación en las más prestigiosas revistas especializadas ha sido y seguramente es el sueño no realizado de la gran mayoría de científicos, especialmente entre los matemáticos, caracterizados muchas veces por una intensa actividad juvenil, a veces precoz, que decrece a partir de los cincuenta. Tanto es así, que la Medalla Fields, el máximo galardón que la Unión Matemática Internacional (UMI) otorga a los investigadores en matemáticas nunca ha sido concedida -por una regla no escrita que, según parece se sigue escrupulosamente- a un investigador que supere los 40 años. Beno Eckmann es un caso especial de longevidad científica, creatividad investigadora, de sabiduría en los diferentes campos de las matemáticas y de creador de escuela e infraestructuras de investigación. Este suizo bernés, de aspecto frágil pero fuerte, con aire de "boy scout", de conversación amena y rica, pero lenta, como es propio en su cantón natal, excursionista y alpinista experto, viajero infatigable, nació el 31 de marzo de 1917 en la capital suiza, donde se educó antes de realizar sus estudios universitarios en la Escuela Politécnica Federal de Zürich (ETHZ), de la que es profesor emérito.
Zürich fue durante la primera mitad de este siglo uno de los centros pioneros en la investigación matemática y física; nombres como Hermann Weyl, Albert Einstein, Rolf Nevalinna o Heinz Hopf han marcado el desarrollo posterior de estas ciencias. Eckmann, uno de los discípulos predilectos de Hopf -junto a E. Stiefel quien se convertiría en el impulsor de la informática europea- se doctoró en la ETHZ en 1942 con un trabajo titulado "Zur Homotopietheorie gefasserte Räume", en la línea ascendente de la topología algebraica moderna, liderada en la europa continental por Heinz Hopf y en Gran Bretaña por John H.C. Whitehead. Discípulo de Whitehead fue Peter J. Hilton, quien se afincó en Estados Unidos y es coautor con Eckmann de innumerables trabajos en la década de los sesenta estableciendo una interesante teoría de dualidad. Sus alumnos de Zürich les llamaron cariñosamente el pope y el copope. Más de un centenar de investigaciones y libros acreditan a Beno Eckmann como un brillante e influyente investigador en topología y álgebra, especialmente. Director de 59 tesis doctorales (entre ellos dos alemanes, un estadounidense y un catalán) sus alumnos siguen cultivando ambas materias, pero entre los 395 nombres que configuran su descendencia matemática hay ramas importantes en análisis complejo, estadística y en informática (ver la web http://www.crem.es/eckmann80). Barcelona ha tenido una intensa relación con Eckmann, con la ETHZ y con el Forschungsinstitut für Mathematik (FIM) que él fundó y dirigió. La rama catalana de su árbol cuenta con veinte nombres de primera, segunda, tercera y cuarta generación repartidos por el territorio español, y representan una parte importante del gran desarrollo de la investigación matemática en Cataluña en los últimos veinte años, que ha permitido que un país sin tradición matemática adquiera un prestigio internacional equiparable al de otros que no sólo destinan más recursos a la investigación básica, sino que han definido una política científica que alienta la investigación teórica y fundamental.
Eckmann no es ajeno a ello, y por partida doble: como director de la primera tesis doctoral en topología algebraica de España, que ha originado la mencionada rama catalana, y como impulsor de la creación del Centre de Recerca Matemàtica (CRM), un instituto de investigación para profesores visitantes y becarios posdoctorales, que fue fundado en 1984 por el Institut d'Estudis Catalans, y que se creó a imagen y semejanza del FIM, un centro único en la Europa mediterránea. Ha contribuido con gran eficacia al desarrollo de la investigación matemática y acoge a investigadores extranjeros que trabajan en conexión con las universidades y difunden las investigaciones mediante publicaciones. El CRM desempeña en la ciencia catalana el mismo papel que veinte o treinta años atrás desempeñaron el Max Plank Institut für Mathematik de Bonn, el Institute des Hautes Études Scientifiques de Paris o el de Zürich. Es posible que si dispusiéramos del apoyo político y económico que recibe la investigación fundamental en Alemania, Francia o Suiza, Cataluña, que cuenta con un importantísimo capital humano, alcanzaría cotas similares.