
Un día, "Deep Blue" descendió del cielo y se posó en la casa de IBM con un mensaje: "id y mostrad a los hombres que ha nacido una máquina ante la que los más dotados deberán postrar su inteligencia".
Se puede asegurar, sin ningún margen de error, que las cosas no han sucedido de esta manera, aunque a los especialistas de márqueting de la IBM ya les gustaría, si pudieran, hacérnoslo creer así. Es mucho más fácil vender algo que ha venido del "no-se-sabe-dónde", generado por una inteligencia superior, que algo que ha sido fabricado por ingenieros especializados que, aunque estén muy bien dotados intelectualmente, no dejan de ser simples mortales. Y en este orden de cosas se llega a hablar de si la máquina puede vencer al hombre como si las máquinas no fueran concebidas y realizadas por hombres. Al final, siempre hablaremos de la lucha del hombre contra el hombre o del hombre contra la naturaleza, y las máquinas no surgen de ésta última por generación espontánea.
żVa a cambiar el mundo del ajedrez? Seguramente. Las cosas suelen cambiar cuando aparece una nueva y potente máquina. El uso generalizado de las armas de fuego supuso una auténtica revolución, no sólo técnica, sino también ética. Cuando los mosquetones se instauraron como arma reglamentaria en los ejércitos japoneses, más de 10.000 samurais se hicieron el Harakiri. Si hubieran tenido un poco más de perspectiva histórica quizá se hubieran ahorrado tan cruento sacrificio y se habrían dado cuenta de que, con el tiempo, las habilidades en el manejo de la espada terminarían por ser un deporte de competición.
Una de las primeras funciones que se adjudicaron a las máquinas fue la de ahorrarnos el esfuerzo muscular. Antiguamente, el jefe del grupo era el más fuerte; hoy en día, un líder que anteponga a sus cualidades la fuerza bruta sólo podrá encontrar trabajo en un circo o en una productora de cine. Y algo semejante sucede con la fuerza bruta intelectual. De la misma forma que las poleas, las palancas y los engranajes nos evitan esfuerzos musculares, los algoritmos nos evitan esfuerzos intelectuales. Pero de esta forma nos convertiremos en máquinas! Nos desnaturalizaremos!
En cuanto a lo primero sería deseable si dispusiéramos de un buen parque de piezas de recambio; y respecto a lo segundo es absurdo pensar que perdemos algo de nuestra propia naturaleza cuando usamos una máquina. Si el guepardo pudiera (y supiera) utilizar un "Remington" con mira telescópica, lo último que haría en esta vida es dejarse el hígado en una carrera de fondo cada vez que quiere alcanzar la presa. Las máquinas se inventan; y se conciben para ser utilizadas. Estas son dos leyes inexorables de la naturaleza de la que formamos parte. Si "Deep Blue" barre de la tierra a cualquier campeón de ajedrez, suceden dos cosas: primero, que el hombre habrá dado un paso de gigante al convertir las inabarcables estrategias ajedrecísticas en una pura rutina algorítmica; y segundo, que en la historia del ajedrez habrá un antes y un después, como en casi todo.