Opinión


El Grupo de Vancouver, entre la dimensión ética e Internet

Óscar Vilarroya

Recientemente se ha celebrado una reunión del International Committee of Medical Journal Editors, conocido como Grupo de Vancouver. Este comité nació con la misión de acabar con el caos en los modos de publicar artículos científicos y buscar un acuerdo al respecto entre las revistas científico médicas más importantes, aunque la ética de la cuestión ha adquirido cada vez más importancia. En la última reunión se han tratado dos aspectos de gran actualidad (rapidez de reacción institucional, ¿una quimera celtibérica?) y sobre los cuales ya se habían tomado decisiones previas.

Por un lado han discutido sobre cómo adaptar las normas de publicación al mundo de Internet. Y para empezar, no hay nada mejor que una idea sencilla y rotunda: "La publicación electrónica (que incluye Internet) es publicación". Esta frase inocente, casi tautológica, tiene gran calado. Implica, entre otras cosas, que deben aplicarse los mismos requerimientos de presentación que en papel, es decir, deben indicarse los nombres de los editores, autores y colaboradores, así como información sobre "copyright" y cualquier referencia de tipo comercial o de financiación. El grupo realiza además dos recomendaciones. Una de las prácticas más habituales es el uso de conexiones ("links") con otras webs. Pues bien, el grupo advierte que cualquier conexión se toma como una recomendación de calidad, y que por ello debe hacerse con criterio, e indica que el material comercial no debe incorporarse en el mismo espacio que los textos.

En cuanto a cuestiones éticas, el grupo hace un requerimiento y una advertencia: un científico debe exponer no sólo sus fuentes de financiación, sino, incluso, su papel en el diseño del estudio, en la recogida, análisis e interpretación de los datos, así como en la redacción del texto. La advertencia nace a buen seguro de varios casos recientes: los autores no deberían establecer acuerdos que interfirieran en su control sobre la decisión de publicar. Un buen aviso para navegantes



Volver al índice de Opinión