
La reflexión que hemos realizado durante tres semanas sobre el papel que desempeñan las revistas científicas de referencia y sus "press release" en el mundo de la comunicación está basada en el simposio celebrado en el University College de Londres sobre revistas científicas y público. Su sola convocatoria demuestra que en el seno de la comunidad científica, incluidas las propias revistas en las que se publican los avances científicos y médicos, existe una preocupación sobre el impacto que luego tienen esas noticias en el ciudadano, cuando son transmitidas por los medios de comunicación de masas. Philip Campbell, editor de "Nature" desde 1995, admitió que hay que preguntarse si existen suficientes fuentes de información científica con acreditada credibilidad en los medios de comunicación. Uno de los problemas fundamentales de la comunicación científica es que su crecimiento es exponencial en el mundo contemporáneo, pero casi su totalidad es canalizada al público por muy pocas fuentes, todas anglosajonas, y en la práctica casi únicamente centradas en las 4 ó 5 revistas de referencia ("Nature", "Lancet", etc.). Este aspecto no se puede disociar del a veces enorme "gap" existente entre las expectativas que crean los propios científicos y la realidad de la ciencia que es transmitida a la sociedad. La semana pasada se discutieron estos aspectos, y otros, de la información científica y médica en una distendida cena con uno de los periodistas más acreditados del mundo en este campo: Lawrence K. Altman, quien, desde 1969, escribe una media de dos artículos científico médicos a la semana en "The New York Times". Su valoración no admite dudas acerca de cuál es la consecuencia del actual círculo vicioso revista científica-press release-periodista-público: "Fomenta el periodismo perezoso y la información homogénea".