
Una de las características que determinan el grado evolutivo de las civilizaciones es su capacidad para organizarse. El orden, la compostura inteligente del panorama humano, requiere voluntad para conseguir unos objetivos definidos y un reparto de papeles en el escenario social. Así, pues, cuanto más relevante sea la diversificación de protagonistas , más probabilidades hay de conseguir una armonía racional; y, al revés, cuanto más concentradas están las responsabilidades, menos contingencia de estabilidad social hay. Pero queda claro que es preciso asentar el equilibrio de la pirámide que garantice el mando de la nave, porque tan desastroso sería que todo el mundo quisiera remar como que todos pretendieran llevar el timón. Por ello, no se ha de confundir la vocación de la sociedad civil para corresponsabilizarse en la toma de decisiones y en gestionar los recursos con la anarquía que conduce a trompicones una nave sin rumbo.
Cataluña tiene una gran tradición asociativa. La crisis que soporta occidente desde el año 1968 -en que fracasó el lema "la imaginación al poder"-, la epidemia de individualismo, la identificación de prestigio con poder económico y la falta de modelos de referencia, no han impedido que el motor impulsor de nuestro país haya sido y sea la sociedad civil. Las personas, desde cualquier oficio o profesión que practiquen, son el hilo conductor que identifica la voluntad de ser y el empuje de progreso, y recae en la sociedad civil la responsabilidad de organizarse y también la de ordenar sus oficios y profesiones.
Las profesiones sanitarias, en general, y la medicina en particular, tienen una herramienta que permite esta ordenación del ejercicio profesional: los colegios. Los médicos catalanes no consideramos estas instituciones como guetos gremiales corporativistas o clubes de médicos; no las vemos así ni queremos que lo sean nunca. Muy al contrario, el esfuerzo realizado para adecuar nuestro "Codi d'Ètica i Deontologia" y la reforma de nuestros estatutos dan fe de la voluntad inequívoca de alinearnos en el marco de la Unión Europea en la que está vigente la libre circulación de profesionales. No tendría sentido alguno que Cataluña tuviera unos colegios de médicos muy diferentes a los de Dinamarca, Holanda o Alemania, por poner unos ejemplos de referencia. Como tampoco tendría sentido que, dentro del ámbito catalán, fueran muy diferentes los colegios de Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona. Por estos motivos, el Consell de Col.legis de Metges de Catalunya tomó el acuerdo de armonizar los respectivos estatutos de estas instituciones, respetando, por supuesto, la soberanía territorial de cada una de ellas.
La fotografía final de este proceso seguro que definirá las funciones de los colegios en la ordenación de las profesiones. Las competencias básicas que se tiene la voluntad de asumir son, primero, el registro de los profesionales avalados por las titulaciones académicas exigibles; segundo, la formación continua de los profesionales, como garantía para la sociedad de un proceso continuo de mantenimiento y mejora de la competencia; tercero, la regulación del ejercicio profesional dentro de las normas del "Codi d'Ètica i Deontologia", salvaguardando los derechos de las personas y los de los profesionales; cuarto, la función de asesoría a la Administración sanitaria, con el fin de contribuir a la mejora de las prestaciones; quinto, auditorías de calidad para exigir unos mínimos imprescindibles que garanticen un ejercicio profesional con el menor riesgo posible para los pacientes.
Faltan menos de mil días para que empiece el siglo XXI. Y, a pesar de las historias de la historia, los que tengan la oportunidad de vivir el acontecimiento es probable que sólo noten una especial atención de los medios de comunicación por la efeméride, pero, lo que parece necesario es no esperar más tiempo para impulsar nuevas tendencias autoorganizativas de la sociedad civil. En las profesiones sanitarias es irrenunciable el acuerdo con la Generalitat para la definición de las competencias y funciones de los distintos colectivos profesionales, un acuerdo -que no puede eludir el panorama de la Unión Europea- capaz de armonizar los criterios fundamentales. Las expectativas de conseguir este reto son estimulantes, porque la voluntad de los responsables de las decisiones está al lado del sentido común, del razonamiento lógico y, sobre todo, de una manera de actuar que cada día nos aparta más del arrebato y nos acerca a la coherencia hacia los objetivos que interesan a la sociedad.l