
La contaminación atmosférica presenta un riesgo potencial importante para la salud. Encuestas recientes muestran que preocupa al ciudadano.
Algunas de sus manifestaciones son más limitadas que antes: las cifras globales de humos y CO2 han disminuido notablemente en la región metropolitana. Un trabajo reciente del Laboratorio de Toxicología del Hospital Clínic ha demostrado una importante disminución de la exposición humana al plomo en Barcelona.
Pero los conocimientos actuales exigen nuevos elementos. Ya no es suficiente conocer los niveles globales de partículas en la atmósfera; cada vez interesa más la concentración de partículas respirables, de diámetro inferior a 10 micras (PM10), las más relevantes para la salud, que penetran con gran facilidad en los alvéolos pulmonares. Se conocen bien sus efectos agudos, en general de corta duración, en niños y personas ya enfermas, pero sus efectos a largo plazo son todavía objeto de estudio.
Contaminantes como el ozono o los óxidos nitrosos pasan también a primer plano. En nuestro país destacan los riesgos vinculados a actividades industriales o de otro tipo. Los episodios de Flix o Sant Celoni nos recuerdan que parte del tejido industrial de Cataluña se sustenta en actividades no exentas de riesgo. Si, con frecuencia, ese riesgo se concentra en los trabajadores de esas industrias, persisten problemas de contaminación del medio, no es descartable un accidente.
El tráfico es la mayor fuente de emisiones, y es más difícil de abordar que una industria concreta; la responsabilidad se comparte (y se diluye) entre muchos. La combustión de gasolina libera al medio ambiente diversas sustancias con efectos adversos sobre la salud, destacando hidrocarburos, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, acetaldehido y formaldehido. La combustión de gasóleo en los motores diesel libera hidrocarburos aromáticos policíclicos y nitroaromáticos. La presencia simultánea en el ambiente urbano de hidrocarburos y óxidos de nitrógeno en nuestro clima suele ocasionar la formación de un contaminante secundario importante, el ozono. El problema reside en que la responsabilidad de la emisión de estos contaminantes se diluye entre ciudadanos y empresas. La mayor parte de familias disponen de automóvil; los vehículos contaminan menos que antes, pero circulan muchos más. Algunos consideran que el problema es inabordable. La OMS propone reducir las emisiones de partículas respirables en las zonas más pobladas, desarrollando estrategias que eviten los episodios breves de contaminación elevada y reduzcan los niveles medios a largo plazo. Los Ángeles (EE.UU.), cuyo clima es similar al nuestro, demuestra que si no se disminuye el tráfico el problema no mejora; otras acciones se limitan a mantenerlo a niveles estables, no exentos de riesgo para la salud. Desde el punto de vista de la salud pública, es deseable que se emprendan acciones que impulsen el transporte colectivo para reducir el tráfico y el consumo de combustibles.