
Los laboratorios farmacéuticos de Europa y Estados Unidos de hace más de medio siglo partían de la industria química o de las farmacias de algunos boticarios con vocación empresarial. Los hallazgos de ciertas líneas de investigación no fueron importantes para crear nuevas empresas hasta el auge de la biotecnología, a principios de los años 80.
La peculiar situación de las patentes en España posibilitaba que la industria farmacéutica nacional surgiera como negocio y producción a partir de los años 30 y 40. Empresarios con visión de futuro iniciaron una investigación modesta en los años 70, cuyo resultado fueron varios productos, pero sólo un par de ellos han sido lo suficientemente originales o útiles para llegar al mercado internacional.
¿Cómo es que España, el séptimo mercado farmacéutico más importante del mundo, no ha tenido mayor éxito en innovación farmacológica? El gasto de investigación y desarrollo (I+D) durante los últimos diez años, de 200.000 millones de pesetas, según datos aportados por medio centenar de laboratorios nacionales, no es nada despreciable. En su conjunto, comparado con las cifras sobre el coste del descubrimiento y desarrollo internacional de nuevos fármacos en Europa y EE.UU., a no ser que los laboratorios nos proporcionen agradables sorpresas en forma de productos estrella en un futuro próximo, el rendimiento parece algo decepcionante.
Un país necesita muchos años para cosechar los frutos de sus inversiones en I+D y de una nueva política de investigación farmacéutica y biomédica después de varios decenios de letargia bajo el vulgar lema "que investiguen ellos". Además, la estructura de la industria española, en su mayoría familiar, no ha fomentado una cultura ilustrada de investigación.
A menudo, la calidad de las ideas y el espíritu emprendedor de los investigadores chocan con los sistemas de gestión empresariales. No se puede investigar a destajo ni satisfacer en todo momento a un departamento de márqueting sediento de productos de gran potencia comercial. La investigación es compleja y de mucha improvisación. En cambio, el desarrollo de una sustancia prometedora ya sintetizada debe seguir un método programado, con criterios de decisión claros para la continuación o no de los proyectos en función de los resultados de los estudios realizados y de las perspectivas comerciales. A largo plazo, los laboratorios tendrán éxito solamente si sus gestores asumen que la investigación requiere un trato especial para fomentar la innovación y originalidad, y si son también capaces de dar cobijo a varias culturas bajo el mismo tejado.