
Aparecen ya estudios en revistas científico-médicas especializadas -JAMA, "British Medical Journal" (BMJ)- que se proponen evaluar la calidad y fiabilidad de la información médica en Internet. Bienvenidos. Sólo con ese tipo de iniciativas será posible conjurar muchos de los prejuicios -en positivo y en negativo- que se tienen con respecto a Internet.
En una investigación reciente aparecida en el BMJ se examinó -con escrupuloso rigor metodológico- la calidad de distintas fuentes de información que trataron la fiebre en niños, comparándola con un libro de texto considerado de referencia. Los autores intentaron reproducir el proceso que cualquiera seguiría para acceder y consultar webs de información clínica. Se valoró la definición de fiebre, los métodos de toma de temperatura, el tratamiento y las condiciones que deberían motivar la visita al médico. Los resultados indican que solamente cuatro de las 41 webs estudiadas eran conformes con las recomendaciones del texto de referencia. Cabe preguntarse, no obstante, qué ocurriría si evaluáramos con todo rigor los libros y las revistas que se venden en cualquier quiosco.
Más provechoso es un comentario a ese artículo. Para el autor, un "experto" (denote lo que denote tal palabra) en análisis de sistemas de información, no sólo se requiere analizar el contenido de las webs, sino la funcionalidad, el conflicto de intereses con el editor de la web y el impacto de la información. Sin embargo, el autor se lamenta de lo difícil que es conseguir una buena evaluación de la información, ya que es también difícil obtener sujetos experimentales apropiados, así como realizar medidas fiables y válidas. Podemos mirar el asunto desde otro punto de vista. Acaso una de las consecuencias más relevantes de la aparición de Internet es el estímulo para realizar algo de lo que adolecíamos, y de cuya falta apenas nos apercibíamos: auditar la calidad, fiabilidad y el impacto de la divulgación científico-médica. Aunque sólo fuera por eso...l