
El alcohol es una droga permitida que socialmente está bien vista. Forma parte de nuestra cultura mediterránea y está presente en nuestras fiestas y celebraciones y en los actos litúrgicos. Sin embargo, su consumo desmedido causa estragos, que han sido cuantificados económicamente en un estudio sobre el impacto económico de dependencia al alcohol en España, que acaba de ser publicado.
Los problemas derivados del consumo excesivo de alcohol, tanto por lo que atañe a los gastos que ocasionan en los servicios sanitarios como por sus consecuencias sociolaborales, supone 811.418 millones de pesetas, un 18,2% del total del gasto sanitario para 1997. En el estudio se especifica que el 37,5% de los costes de esta enfermedad -218.250 millones de pesetas- tiene su causa directa en visitas a los centros de atención primaria, ingresos en hospitales o en instituciones de tratamientos específicos.
Pero, aun con ser elevado el coste económico y social que conlleva el alcoholismo, lo verdaderamente estremecedor son las cifras de mortalidad que ocasiona. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año mueren 1.200.000 personas por esta causa; en nuestro país la cifra anual es de 20.000 personas. También, un 25% de los casos de violencia doméstica tienen relación con el abuso de alcohol, que, además, está implicado en 13.000 accidentes de tráfico anuales y en infinidad de lacras sociales.
La dependencia del alcohol es una enfermedad y como tal debe ser diagnosticada y tratada. En 1974, la OMS la definía como el "estado de dependencia física y emocional, ya de forma regular o periódica, con el consumo de alcohol en grandes cantidades y de forma incontrolada, por la compulsión que experimenta el enfermo al beber". Como otras adicciones, genera síntomas de abstinencia.
Es vital que el médico generalista detecte a tiempo el problema de un alcoholdependiente y que pueda encauzarlo por los canales adecuados, evitando que sea imprescindible la consulta al especialista y las complicaciones posteriores.
Se calcula que en nuestro país hay 1.600.000 alcoholdependientes, de los que sólo 300.000 realizan tratamiento de deshabituación. A pesar de la enorme importancia de ello, los recursos disponibles para hacerle frente son insuficientes. Las organizaciones implicadas se dedican principalmente a la ayuda a heroinómanos y cocainómanos y aunque aceptan a alcohólicos sólo una minoría de ellos tiene acceso a la rehabilitación.
Un problema de tan graves consecuencias debería prevenirse con campañas educativas y de sensibilización. Su detección debe realizarse de forma precoz, antes de que comiencen las sucesivas fases de deterioro y cuando todavía sea posible una buena reinserción social de la persona afectada así como su total rehabilitación. Se debe contar con los medios necesarios y suficientes que eviten males mayores. Sería socialmente mucho más rentable.