Opinión


Cooperación sanitaria

Rubén Vásquez

Médico
Periodista

En los últimos tiempos y en muchos países se deciden las más importantes reformas sanitarias de los últimos treinta años. La necesidad de una política sanitaria es ineludible. La política sanitaria de una nación es su estrategia para controlar y optimizar el uso social de sus conocimientos y recursos médicos. Uno de los hechos fundamentales de estas reformas es reorientar los sistemas sanitarios para mejorar la salud. En primer lugar, no puede haber un sistema universalmente aceptable. Los sistemas de salud están enraizados en la cultura e historia de una sociedad, según afirma el doctor Hans-Ulrich Deppe, catedrático y jefe de la sección de Sociología Médica de la Universidad Johann W. Goethe de Frankfurt, en un artículo publicado en el "Foro Mundial de la Salud". Los recientes avances experimentados por la biotecnología y la medicina abren posibilidades insólitas para la lucha contra las enfermedades e, incluso, para el destino del hombre. Las preguntas son cuáles favorecen el bien individual y/o social y cuáles deterioran los sistemas morales tradicionales de las culturas.

La sociedad en general aspira a que el sistema sanitario conduzca al bienestar. Si estos servicios tienen como finalidad mejoras de la salud, los resultados de la acción de los agentes del sistema sanitario se han de medir en términos de mejoras de la salud de los usuarios del sistema y del conjunto de la población. Ulrich Deppe añade que su transformación requiere mucho más que la introducción de cambios técnicos en unas estructuras que no pueden, sin más, importarse o exportarse. "Óptimo" -afirma- significa lo mejor o lo más conveniente para un país, una región o una situación determinada. Ningún plan es perfecto, concluye.

La necesidad de una mayor participación de la salud y el ambiente en las políticas sectoriales de los gobiernos y organismos internacionales no puede ignorar las políticas monetarias y fiscales macroeconómicas. Los esfuerzos por hacer de la atención social y médica una "mercancía" o producto de consumo sólo han servido para que la situación empeore.

Las políticas macroeconómicas tienen importantes efectos directos e indirectos sobre la salud y el ambiente. Influyen sobre la primera a través de los fondos que se destinan a la sanidad, los servicios básicos y otros sectores con influencia inmediata en la salud. Así, cada vez es más difícil conseguir recursos adicionales para la salud por la redistribución, representada por el 0,7% de ayuda al desarrollo. De esta manera, una política sanitaria refleja las creencias y los compromisos de un pueblo; compromisos que son sus valores humanos; esas políticas deben tratar de que no surjan conflictos entre los objetivos económicos, ambientales y los de salud. Los sistemas estatales no son necesariamente incompatibles con el sector privado. Por ejemplo, su mantenimiento tiene una larga historia en Europa occidental y no deben desecharse de buenas a primeras. En los países desarrollados, y con más frecuencia en los menos desarrollados, el Estado interviene para regular la prestación de atención sanitaria, aunque sea por motivos distintos, afirma Deppe.

Las dos últimas décadas han resultado difíciles para las economías de países en desarrollo. Muchas de ellas han tenido tasas de crecimiento negativas. Las condiciones impuestas por el FMI para la renegociación de la deuda han determinado el ritmo y la forma de esta reestructuración en países en desarrollo. Cada vez hay más naciones que aplican programas de ajuste estructural para asegurarse las divisas que necesitan. Los recortes del gasto público son un componente fundamental de la mayoría de los programas de ajuste estructural. Los organismos externos exigen recortes en gastos sociales antes de conceder sus ayudas, lo cual ha conducido a recortes en servicios importantes para la salud. Las obras públicas como conducciones de agua, alcantarillado, que exigen grandes inversiones suelen sufrir los mayores recortes. El gasto en salud por persona se ha reducido en la mayor parte de los países desde 1980 y es más amplio de lo que sugieren las estadísticas: un 20 y un 30% de reducción en América Latina y África, respectivamente.

Esta realidad exige cambios profundos, pero estos, aplicados a los sistemas de salud, son una expresión de poder político y de intereses sociales más que una acción administrativa. Hay que analizar los sistemas ya que pueden obtenerse nuevos conocimientos que contribuyan a enfocar mejor los problemas de un sistema y producir ideas para estrategias del desarrollo.



Volver al índice de Opinión