
Los medios de comunicación se han volcado de lleno en la labor de informar sobre la sonda Pathfinder (bautizada Estación Sagan) que, como su antiguo nombre indicaba, debe explorar, no los canales inteligentes de Marte que no existen, sino que debe abrir un nuevo o, por lo menos, renovado capítulo de investigación del planeta más accesible a la técnica humana.
Aunque a todas luces Marte es un planeta yermo, fuera de nuestro satélite, la Luna, es el astro que más al alcance está de la gesta heroica de ser hollado por el pie humano. Alcanzada la Luna por "nuestros antecesores", el Planeta Rojo es la meta romántica pendiente de la civilización terrestre y cuya conquista significaría el que no necesitamos la guerra fría para que la ciencia evolucione. Cada vez que hemos conocido más a nuestro vecino planetario, más frustraciones hemos recibido para encontrar algo biológico fuera de la Tierra.
Hacia los años veinte, el catalán Comas i Solà ya observó el planeta con precisión y puso en tela de juicio la naturaleza de los canales marcianos, supuestamente descubiertos por Shiaparelli y Lowell.
Con la llegada de las primeras sondas se vio que Marte era más parecido a la Luna que a la Tierra. Los Viking no encontraron nada. Ahora, la Pathfinder y dentro de unos meses la Mars Global Surveyor, seguirán intentando lo imposible.
A diferencia de los Viking, la nueva sonda cuenta con la ayuda del Sojourner, un vehículo, cuyo prototipo ya se paseó por Bellaterra hace tres años, con ocasión de la Universidad Internacional del Espacio.
Los detectores del Sojourner intentarán encontrar algo que se parezca a la vida, aunque sólo sean los vestigios más remotos propuestos en la más insignificante teoría. De cualquier forma, el que no se encuentre vida en Marte no significará nada más que la búsqueda habrá sido insuficiente y que se requiere mayor presupuesto.
Sean cuales fueren los resultados, el programa de exploración que debe llevar al ser humano a otro planeta, a una distante y cómoda segunda o cuarta década del siglo XXI, no se detendrá. Si no se encuentra vida ahora, volverá a encontrarse en los meteoritos provenientes de ese planeta.
La búsqueda de vida extraterrestre da para mucho más que cualquier otra meta que se persiga en la investigación espacial. Hace solamente unos días, la sonda Near fotografió el asteroide Mathilde, el tercer pequeño planeta alcanzado por la astronáutica, y en él se pudo descubrir que su origen fue producido por un cataclismo. La noticia pasó casi inadvertida, aun a pesar de que los asteroides son las fuentes primordiales del futuro. Ocurre, no obstante, que la vida extraterrestre vende mucho más.