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El Bosque sin gestión se quema

Johanna Cáceres


El origen de los fuegos forestales y, sobre todo, su propagación, no se explica sólo por factores meteorológicos. El aspecto que hoy presentan los bosques de nuestro país es el resultado de más de 5.000 años de interacción entre el ser humano y el medio. Por lo tanto, los incendios tienen un marcado carácter social, que es fundamental considerar para entender la evolución de los fuegos forestales, determinar el riesgo de incendio y aplicar políticas de prevención.

El balance de los incendios forestales que se han producido este año es bastante positivo. En Cataluña se han quemado "sólo" 750 hectáreas (1 ha equivale a la superficie de un campo de fútbol), en comparación a las 76.625 de hace dos años. La benevolencia del fuego se ha debido, principalmente, a razones meteorológicas. Ha llovido bastante y los bosques estaban más húmedos de lo normal. En este sentido, tan excepcional ha sido la bonanza de 1996, como lo fueron los estragos de 1994, con un verano muy caluroso precedido por un invierno y una primavera escasos en lluvias. De hecho, los incendios registrados hasta el momento motivan que 1996 sea el año menos incendiario desde que se tienen datos al respecto: "Es la primera vez que quemamos más de los que se nos quema", afirma Jordi Peix, director general de Medi Natural de la Generalitat.
De todos modos, el carácter extraordinario de ambos años es relativo y responde a la típica variabilidad interanual de la meteorología mediterránea. Según Eduard Rojas, del Consorci Forestal de Catalunya y profesor de Política Forestal de la Universitat de Lleida, "en Cataluña el clima no es estable ya que confluyen los vientos boreal y sahariano. Este año, por ejemplo, la influencia del clima centroeuropeo ha sido mayor que la del sahariano". La incidencia de los incendios es errática, pero se adapta a la fórmula "de cada diez años, uno es muy conflictivo, tres son tranquilos como este, y seis intermedios".
El bosque mediterráneo, que no es el único existente en Cataluña aunque sí el que padece mayores incendios, muestra dos clases de formaciones forestales. Por un lado, árboles de hoja plana, como las encinas, acompañados de sotobosque variado y umbrío. Y, por otro, pinos y alcornoques de hoja de aguja, que producen menos sombra y favorecen una vegetación arbustiva relativamente fácil de quemar, como el romero, el tomillo y otras plantas aromáticas. Considerando que la mayoría de la superficie forestal -el 66,5 - está ocupada por especies autóctonas de coníferas, se deduce que la vegetación espontánea es de por sí un riesgo de incendio mayor que en bosques como los pirenaicos de alta montaña.
Sin embargo, como matiza Jaume Terradas, director del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (Creaf) de la Universitat Autònoma de Barcelona, "una circunstancia es que las especies espontáneas sean bastante combustibles, y otra que ocupen el espacio que siempre han tenido. La tendencia a favorecer a especies de crecimiento rápido, como los pinos, en detrimento de frondosas, como encinas o robles, ha creado una situación de mayor riesgo". Para muestra, un botón: la superficie ocupada por el pino blanco, uno de los más combustibles, ha aumentado un 71% en los últimos treinta años. Las tendencias sociales constituyen, por lo tanto, un elemento clave en la configuración del paisaje forestal y del riesgo de incendio. La historia económica del último siglo se ha traducido en un incremento de la superficie forestal, sobre todo de la más propensa a quemarse. Por otro lado, hábitos sociales como las segundas residencias o el ocio en la montaña, han aumentado los focos de inicio del fuego. Sólo el 7% de los incendios tienen una causa natural (rayos), el 93% restante es de origen antrópico y casi la mitad se debe a negligencias en el control de vertederos, quemas incontroladas, fuegos debidos al ocio y colillas.
A pesar de que en los últimos años han aumentado los incendios forestales, "el problema en Cataluña no es el número de fuegos, sino la expansión del bosque, y en especial del bosque sin gestionar", dice Eduard Rojas.
A mediados del siglo XIX, la superficie forestal de Cataluña alcanzó mínimos históricos: el 20% del territorio. A causa de la Revolución Industrial y del progresivo abandonode las actividades agrarias en favor de la industria y del sector servicios, aumentó la colonización natural de áreas agrícolas abandonadas; hoy, la superficie forestal es del 60%, casi dos tercios del principado. Se ha pasado de un paisaje configurado por escaso bosque y grandes extensiones de cultivos dispersos y poco combustibles a grandes concentraciones boscosas muy densas y superficies forestales desarboladas muy combustibles. Según cifras de la Generalitat, a principios de siglo existían 500.000 ha de bosque, y hoy el número supera los dos millones de hectáreas. Pero tal vez el dato más significativo sea que en la última década la superficie forestal ha crecido un 20%, y el volumen de madera un 50%, es decir, que hay más madera combustible por hectárea. Si las condiciones climáticas son adversas, en estos momentos existe un exceso de masa forestal, quizás no en superficie, pero sí en su composición. El ciclo de expansión del bosque mediterráneo pasa por diferentes fases (matojos y arbustos, pinares jóvenes y bosque maduro) y las dos primeras, las que ocupan las nuevas superficies, conllevan un elevado riesgo de incendio. Y es difícil de controlar porque, precisamente, el bosque no gestionado por el hombre es el mejor pasto del fuego. En opinión del ecólogo Jaume Terradas, "lo que hay que conseguir es que la cantidad de combustible (árboles y vegetación acompañante) que se encuentra en los bosques se mantenga en unos niveles controlados y que no pase de ciertos límites". Para lograr este objetivo, en Cataluña se aplican principalmente tres estrategias: cortafuegos, fuegos prescritos y ganadería extensiva. Ninguna de ellas puede generalizarse, lo que da una idea de la complejidad de aplicar una gestión sostenible a los ecosistemas forestales.
Los cortafuegos han evolucionado. De ser simples franjas peladas que interrumpen la continuidad del bosque, han pasado a a entenderse como la configuración de un espacio mosaico donde se alternan terrenos de cultivo y forestales. En cuanto a las quemas controladas resultan inadecuadas en el Mediterráneo por la densidad de su sotobosque. Cabría utilizar la azada manual, un sistema muy costoso, o la ganadería extensiva, un método bastante utilizado en Francia. La Fundació Catalana per a la Recerca (FCR) experimenta esta posibilidad con cabras y vacas en una finca de Pla de l'Estany, con un inconveniente: no se puede controlar si el ganado come un brote joven, con lo que es inadecuado para espacios protegidos o de explotación maderera. Otra posibilidad sería reintroducir animales salvajes para que realizasen el vaciado, pero pueden saltar a los cultivos y, por el momento, sólo se ha aplicado en espacios protegidos.
Terradas concluye que hacer tratamientos silvícolas preventivos sobrepasa la rentabilidad económica que se le puede sacar al bosque. Esta es la cuestión de fondo: la gestión de bosques es un problema económico en un país donde cerca del 80% de la superficie forestal es propiedad privada y la silvicultura ha sido un complemento más de las actividades agrícolas o ganaderas.
La Administración, los científicos y los propietarios forestales coinciden en que es imprescindible gestionar el bosque para evitar los efectos catastróficos del fuego. Las discrepancias surgen, como casi siempre, con el asunto de la financiación: ¿quién paga a quién por mantener y mejorar la calidad de los bosques que disfruta el conjunto de la sociedad?
Siguiendo la máxima de la Generalitat -"la naturaleza sólo será protegible el día que sea rentable"- Jordi Peix asegura "que de dinero nada; en todo caso ventajas administrativas para los agricultores que quieran cortar un bosque para ampliar sus campos de cultivo. Intentamos consolidar la estructura de mosaico (fragmentar el bosque intercalando cultivos)como medida preventiva contra incendios, pero sólo se hará en el caso de que la superficie a talar sea rentable como campo agrícola". La prioridad de la política forestal catalana consiste en incrementar la intervención humana en el bosque mediante la mejora de su productividad y se recomienda la elaboración de planes de gestión y mejora forestal de las fincas privadas.
Los propietarios forestales, en su mayoría pequeños y medianos, también siguen esta línea, pero denuncian la falta de recursos para la modernización del sector silvícola. Se observa, por lo tanto, un desfase entre los objetivos macroeconómicos y macrosociales y la capacidad de las economías individuales para llevarlos a cabo. Para José María González, director técnico del Centre Tecnològic Forestal del Solsonès (CFTS), "el problema de fondo es que el bosque está desprotegido económicamente. La madera es poco rentable y, en consecuencia, también lo es la gestión forestal porque exige la existencia de condiciones ambientales que garanticen la presencia de productos 'gratuitos' como las setas. Desde luego que hay que optimizar la producción de madera, pero también se deberían recibir compensaciones por dichos productos, por favorecer la multifuncionalidad del bosque".
Eduard Rojas, gerente del consorcio de los propietarios forestales catalanes, también esgrime el concepto de multifuncionalidad de los bosques a la hora de reclamar ayudas para el sector. El propietario forestal obtiene unos beneficios de su producción (venta de madera, leña, corcho, setas o hierbas aromáticas). Pero los bosques cumplen otras funciones cuyo beneficiario es el colectivo: un paisaje ordenado, la mejora de la calidad ambiental, el mantenimiento de la biodiversidad, además del estratégico reequilibrio territorial y la potenciación de otras actividades económicas, como el embotellamiento de agua mineral o el turismo. José M. González cuestiona sobre este respecto por qué es más cara una casa con vistas al bosque que a un vertedero y quién se beneficia de la función estratégica del bosque". Igual que en otros aspectos relacionados con la valoración económica de los recursos naturales, los modelos económicos quedan obsoletos. La explotación forestal primaria (extracción) representa el 0,3% del Producto Interior Bruto (PIB), pero si se añade la industria de transformación el porcentaje sube hasta el 2,4%. Sin embargo, señala Rojas, políticamente este porcentaje no se relaciona directamente con determinada gestión del bosque. Tampoco se contabiliza la influencia ambiental de una correcta gestión en por ejemplo, la calidad de las aguas subterráneas o del aire, lo que demuestra "la infravaloración del sector".
La propuesta defendida por los propietarios se resume en la reversión de las ecotasas y en la ampliación de la explotación forestal y la transformación y los servicios. No reclaman subvenciones ya que la reversión de las ecotasas consiste en otorgar un valor económico a las externalidades positivas de la gestión forestal privada y trasladarlo a cánones sobre el consumo de agua embotellada y de hidrocarburos (combustibles derivados del petróleo). Y propugnan que junto a la máxima "el que contamina paga", empiece a implantarse el principio "el que limpia cobra". La normativa marco comunitaria sobre las ecotasas que reviertan en el sector forestal está en discusión, y cuenta con la oposición del Ministerio de Medio Ambiente y del Departament d'Agricultura. Según Rojas, "la multifuncionalidad se acepta en cuanto a gastos, pero no a ingresos, con lo que se produce una disfunción económica: el bosque es socialmente rentable, pero no lo es a título individual".
Esto implicaría la falta de incentivos para generar otras fuentes de ingresos distintas de la madera de calidad: turismo rural, caza, comercialización de madera común en el bosque mediterráneo, por ejemplo, el tronco fino de pino joven que, en forma de rollos impregnados con un protector, da muy buenos resultados para vallas o decoración de espacios abiertos, cuyo comercio favorece el Departament d'Agricultura de la Generalitat.
Faltan recursos para la implementación masiva de los principios de gestión sostenible. Mientras tanto, sigue creciendo el bosque mediterráneo poco productivo, muy vulnerable a los incendios, pero con una gran biodiversidad. Y el bosque que no se gestiona, se quema.



Web del DARP sobre incendios:
http://www.gencat.es/bosc
Ofrece información sobre prevención y actuación en caso de incendio, así como de las estadísticas de incendios forestales en Cataluña y el mapa de riesgo de incendios forestales.

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