
Los argumentos de la industria son razonamientos científicos y técnicos de posibilidades; los que defienden los verdes y los detractores son sociales e ideológicos, con lo cual, el entendimiento es casi imposible. Ante todo, la sociedad es quien debe responder, pero para ello precisa información adecuada, información que llega en todo caso muy mediatizada.
Si el 1 de marzo de 1995, la industria hubiera tenido en cuenta el factor mediático y hubiera montado su campaña de imagen como hizo Greenpeace, seguramente la directiva se hubiera aprobado, ya que existe una gran ignorancia sobre estas cuestiones entre los parlamentarios europeos. Sin embargo, dos años después, los grupos industriales han aprendido la lección. Quien sepa convencer mejor a los políticos tendrá las de ganar. La sociedad, por tanto, no participa en absoluto del debate, ni de forma directa ni indirecta a través de sus representantes.
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