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Opinión

Convencer a los políticos

Patentar es la garantía para poder realizar grandes inversiones. Esta es una premisa fundamental para la industria de la biotecnología. De otro modo, no se puede financiar la investigación en estos ámbitos porque los beneficios se obtienen mucho tiempo después. Estamos hablando de dos cuestiones sociales de vital importancia: la salud y la alimentación. Por ello, según las organizaciones críticas, con la biotecnología la explotación del Tercer Mundo se incrementa y la producción de fármacos y alimentos queda en manos de unas pocas multinacionales que van a decidir quién y qué se va a cultivar en el mundo y qué enfermedades son rentables de investigar y cuáles no.

Los argumentos de la industria son razonamientos científicos y técnicos de posibilidades; los que defienden los verdes y los detractores son sociales e ideológicos, con lo cual, el entendimiento es casi imposible. Ante todo, la sociedad es quien debe responder, pero para ello precisa información adecuada, información que llega en todo caso muy mediatizada.

Si el 1 de marzo de 1995, la industria hubiera tenido en cuenta el factor mediático y hubiera montado su campaña de imagen como hizo Greenpeace, seguramente la directiva se hubiera aprobado, ya que existe una gran ignorancia sobre estas cuestiones entre los parlamentarios europeos. Sin embargo, dos años después, los grupos industriales han aprendido la lección. Quien sepa convencer mejor a los políticos tendrá las de ganar. La sociedad, por tanto, no participa en absoluto del debate, ni de forma directa ni indirecta a través de sus representantes.


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